“Mi hijo ha intentado suicidarse cinco veces”

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Estas muertes en España representan al año más del doble de las producidas por accidentes de tráfico

En el mundo se suicidan al año un millón de personas, según los últimos datos de un estudio ofrecido por Anaed, fundación de ayuda contra la depresión, con motivo de la celebración del Día Mundial para la prevención del suicidio.

La mortalidad, en un mundo tan desarrollado, es de 16 por cada mil habitantes y ha crecido en los últimos 45 años un 60%. «Algo no estamos haciendo bien. Tenemos que gestionar las cosas de una manera distinta y no apagar la televisión cada vez que escuchamos una noticia que no nos gusta oír», opina José Ramón Pagés, coordinador nacional de la fundación.

«El número de suicidios en España llega a representar más del doble de todos los accidentes de tráfico a nivel anual -explica Pagés-. Es siete veces más que los accidentes laborales y 70 veces más que los casos de violencia de género. En el mundo, puede superar a todos los muertos por guerras y por homicidios juntos». Además, esta es una de las tres primeras causas de muerte en personas entre los 15 y 44 años, a nivel nacional por cada suicidio que se contabiliza suceden otros 2o intentos.

En 2012 se suicidaron 3.539 personas y la cifra en nuestro país ha aumentado en 371 casos en los últimos tres años. Entre las provincias que más casos acumulan, por cada 100.000 habitantes, se encuentran Soria (18,6), Lugo (17,9) y A Coruña (15,1). Por otro lado, las mejores cifras corresponden a Palencia (4,8), Badajoz (4,9) y Madrid (5,3).

En el resto de países, los del área mediterránea de la Unión Europea, obtienen las menores cifras, frente a países como los que antiguamente pertenecían a la Unión Soviética y países del norte de Europa, posiblemente por la influencia del clima y la cultura social.

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Roberto: «Lo he intentado varias veces»

«Yo no entro en la estadística del suicidio, aunque lo he intentado varias veces. No lo he conseguido gracias a Dios. Me ponía más agresivo conmigo mismo y me frustraba más, —explica Roberto—. Estoy diagnosticado como esquizofrénico paranoide y mi detonante fue el estrés. Yo era informático y a raíz de que no se cumplían los objetivos en mi trabajo decidí trabajar más horas. Ante tanta tensión, mi reacción fue intentar suicidarme en varias ocasiones y de formas diversas».

«Me llevaron a Psiquiatría y entré en medicación, -añade-. Después volví a trabajar, pero en cada trabajo aparecía un nuevo brote, hasta que cometí un acto violento y me llevaron a una institución psiquiátrica penitenciaria. Me dieron el alta tras cuatro o cinco años y ahora me siento bien. Hago vida normal, aunque con medicación. Al salir del centro penitenciario busqué gente en mi misma situación, me propuse encontrar nuevos amigos con tiempo libre y así se formó la “Asociación tú decides” hace ya ocho años».

La importancia del factor humano

La psiquiatra Mercedes Navío, por su parte, ha querido recordar que «el suicidio es un fenómeno complejo y multifactorial que ha de abordarse de muchas formas y por muchos factores -explica la experta-. La Comunidad de Madrid ha establecido programas específicos de atención a personas en riesgo en distintos ámbitos, una formación masiva para profesionales y códigos de atención a personas con la máxima prontitud posible».

«No son los números los que cuentan aquí, sino las personas»

Además, ha explicado cómo la gran mayoría de las enfermedades que se encuentran detrás de una idea de suicidio (depresión, trastorno bipolar, trastorno esquizofrénico…) tienen un tratamiento y una posible solución. «El silencio no puede ser la respuesta para evitarlo, el enemigo fundamental a batir para acabar con el suicidio es el estigma social que rodea y dificulta a la persona el hecho de pedir ayuda por miedo a sentirse juzgada».

La depresión, según la «Guía de la depresión» de la que dispone la fundación Anaed, es el trastorno que probablemente más daño puede hacer a la persona que lo sufre y a sus familiares. Suele afectar en forma de tristeza o pérdida de autoestima cuando la persona está en edad adolescente, mientras que en niños pequeños es la etapa más difícil de identificar. Por otro lado, en personas de tercera edad, los síntomas pueden pasarse por alto, explica ésta guía, pero no es común que un anciano permanezca siempre decaído.

El trastorno bipolar, según datos de la misma guía, es menos frecuente pero afecta también al estado de ánimo de la persona de manera cíclica. «Tiene fases de ánimo elevado o eufórico y fases de ánimo bajo. En cuanto a sus diferentes tipos podría decirse que hay un trastorno bipolar de tipo I, otro de tipo II, y un tercero denominado Ciclotínico, aumentando su gravedad proporcionalmente».

En cambio, entre un 10 y un 20% de los niños y adolescentes sufre algún tipo de patología psiquiátrica, explica el psicólogo Jorge López. «Siete de cada diez casos de los trastornos en adolescentes no diagnosticados o tratados correctamente evolucionan de forma crónica en la edad adulta».

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Teresa: «Mi hijo lo ha intentado cinco veces»

«Mi hijo tiene 24 años. Ha intentado suicidarse cinco veces. En octubre de 2012 lo intentó, en noviembre lo volvió a repetir, en 2013 hubo otro intento y en 2015 otros dos, -explica Teresa, madre del afectado-. Empezó diciendo muy desquiciado que había intentado tirarse al tren y no había podido. En urgencias le dieron cita para salud mental en un mes y medio, pero antes de ir volvió a intentarlo colgándose. Nosotros no sabíamos lo que le pasaba, pensábamos que estaba atravesando una época depresiva con problemas en casa y la ruptura con su novia. La psiquiatra decía que no le veía nada, pero dejó su trabajo y vimos cómo bebía cerveza y fumaba porros. Lo dejó todo, pero volvió a intentarlo una tercera vez, en el coche, bebiendo incluso el líquido del aceite».

«Le volvieron a ingresar pero los psiquiatras siguieron sin verle nada. Entró en tratamiento, pero le dieron el alta y volvió a la cerveza y los porros. En 2015 sufrió un brote psicótico fuerte y le derivaron a salud mental en Madrid, —concreta—. Aquí, años después, es donde le hacen un diagnóstico de trastorno bipolar. Alguien le proporciona unas pastillas y vuelve a intentarlo una vez más, pero tampoco lo consigue. Vuelve a ingresar otra vez y ya se toman en serio su caso. A día de hoy está bastante mejor. Le dieron el alta y por su propia iniciativa ha estado trabajando. La medicación lo tiene estable. Es cierto, —concluye Teresa— que llegué a pensar “si esta situación es tan grave, pues casi mejor que se acabe”, pero no, yo solo pido medios para evitar que esto se agrave».

FUENTE: www.abc.es

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